El Síndrome de fibromialgia (SFM) es una enfermedad reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde 1992, recogida con el diagnóstico M79.7 en la Clasificación Internacional de Enfermedades (ICD-10-CM) y con el X33.X8a en la clasificación de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP, 1994). El SFM es un problema de salud de causa desconocida y fisiopatología incierta que afecta principalmente a las mujeres, es la causa más frecuente de dolor crónico y se caracteriza por hipersensibilidad al dolor, alodinia, dolor generalizado, centralizado y multifocal, acompañado de fatiga, insomnio y sueño no reparador, alteraciones cognitivas y del estado de ánimo, hipersensibilidad a estímulos externos, comorbilidad prácticamente en todos los órganos y sistemas, e incapacidad para realizar las actividades diarias normales. Es el síndrome reumatológico con mayor presencia concomitante de depresión, en la mayoría de los casos, reactiva a problemas clínicos no resueltos
Las situaciones estresantes pueden desencadenar o agravar los síntomas. Además del dolor crónico, las personas que sufren FM tienen múltiples problemas físicos y emocionales asociados como mareos, dolor abdominal, fatiga prolongada tras el ejercicio, pérdida de memoria, de concentración … La fibromialgia y su evolución están marcadas por diversos constructos psicológicos, cuyo abordaje es esencial en el camino hacia una mejoría. Algunos de ellos son el sentido de catastrofismo, el sentido de injusticia, el mindfulness o atención plena, la autorreflexión o la autoeficacia.
El diagnóstico del SFM es clínico. Los análisis de sangre, las radiografías y otras posibles pruebas complementarias que pueden realizarse en consulta son habitualmente normales y/o sirven para descartar que haya otras enfermedades asociadas. No obstante, se conocen ya alteraciones objetivas en algunos neurotransmisores y otras sustancias que causan la clínica de hipersensibilidad central.
El SFM actualmente se considera una enfermedad crónica, no obstante, es importante recalcar que existe tratamiento para la misma. El abordaje del SFM se basa en tratamiento farmacológico y no farmacológico y debe adaptarse a cada persona y además varía según el momento y situación en la que se encuentre. Requiere de un tratamiento multidisciplinar, individualizado y contextualizado.
El tratamiento no farmacológico es fundamental para encontrar una mejoría de los síntomas y debe contemplar una estrategia multimodal en la que haya educación en el propio síndrome (incluyendo educación en neurociencia del dolor), ejercicio aeróbico y de fuerza (adaptados a cada persona) y abordaje psicológico y emocional. Trabajar de forma personal los factores estresantes que se sabe que empeoran la enfermedad es clave para encontrar un bienestar a medio-largo plazo.

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