Categoría: medicina narrativa

La narración en medicina: historias, relatos, anécdotas

La deshumanización de la medicina es, lamentablemente, cada vez más evidente.

La burocracia, la presión asistencial, la estructura anclada del sistema sanitario, la mercantilización de la salud, la presión de la industria farmacéutica, la necesidad de hacer una medicina defensiva, son, entre otros, los motivos por los cuales actualmente se practica una medicina rigurosamente basada en la evidencia, en datos objetivos y bien clasificados, en la que la subjetividad no tiene cabida. O sí. Por suerte, hay un sector del ámbito médico que ha advertido el grave problema que supone la práctica de una medicina de este tipo y se ha empeñado en cambiar el rumbo: todavía hay esperanza.

Rita Charon o Brian Hurwitz, pioneros en la puesta en práctica de la medicina narrativa como método humanizado de ejercer la profesión, defienden que esta brinda la capacidad al médico para saber qué hacer con las historias que los pacientes cuentan y le permite una mejor comprensión y conocimiento de lo que le ocurre. La medicina narrativa necesita de habilidades textuales, creativas y afectivas. Para ello es crucial el fomento de la atención plena, la empatía y la compasión.

Especialmente en enfermedades crónicas, que conducen a los pacientes a un largo historial médico de peregrinaje de consulta en consulta, y que impactan tanto en sus vidas que llegan a modificar incluso a veces su verdadera identidad, es necesaria una medicina de la narración, empática, antropológica, biográfica, ética, una medicina humanizada. En Fibromialgia y empatía: un camino hacia el bienestar, exponemos la necesidad de practicar esta medicina empática narrativa en el abordaje de pacientes con fibromialgia, como ejemplo claro de enfermedad crónica con impacto innegable en la vida del paciente.

La humanización de la medicina empieza por la humanización de sus estudiantes, nuestros futuros profesionales. El estudio de la antropología, la ética, la historia de la medicina y la literatura son claves para la formación de un médicos buenos, además de buenos médicos. En la Universidad Francisco de Vitoria (Madrid) tienen una propuesta formativa muy interesante para humanizar el grado de medicina.  A través del Máster en Medicina Narrativa, en la Universidad de Columbia (Nueva York), Rita Charon ofrece una formación reglada en habilidades narrativas a sus estudiantes. Es fundamental que el cambio generacional brinde a la comunidad médica jóvenes profesionales sensibilizados con la necesidad de ejercer una medicina humanizada. Aunque también es posible que médicos no-jóvenes se sensibilicen y forme parte de este cambio tan necesario. Herramientas para mejorar hay en abundancia, el primer paso, es interesarse en ellas.

El ejercicio de la profesión médica está ligado inevitablemente a una estructura narrativa que el paciente deja caer en medio de la consulta. No disponer de habilidades para saber qué hacer con esos relatos supone perder información muy valiosa, tanto que a veces conlleva un error diagnóstico,  un inadecuado enfoque del problema o una mala decisión terapéutica. La narración además permite la toma de decisiones compartida, sin la cual no sería posible establecer una comunicación médico-paciente exitosa.

El médico, incluso el que no da valor a la narrativa o no es consciente de ella, también la desarrolla. Las anécdotas clínicas son un ejemplo evidente. ¿Qué médico no ha contado anécdotas de sus consultas? Cuando un médico relata una anécdota clínica suele hacerlo por simple necesidad. ¿Necesidad de qué? Necesidad de comunicar, de compartir, de repartir. Las anécdotas clínicas despiertan en los demás un interés relacionado directamente con la naturaleza narrativa de la anécdota. La anécdota es un relato breve de un hecho. Lo interesante de la anécdota es justamente lo que la define: es un relato. Y los relatos, las historias, atraen. La narración permite al médico comunicar, expresar en forma de historia un hecho ocurrido. La narración de dicha historia le satisface por el mero hecho de relatarla y por el interés que despierta en sus oyentes (colegas, familiares, conocidos).

Se podría decir que la naturaleza de la medicina es intrínsecamente narrativa, en lo que refiere a la historia que trae el paciente a la consulta y a la narración que surge del médico, sea en respuesta a la narrativa de su paciente, o en forma de anécdota clínica o incluso en forma de ensayo escrito que pueda generar después.

¿Cómo sería posible entonces formar en una medicina que no tenga en cuenta la narración?

 

Bibliografía

La medicina narrativa: trabajar con las biografías

Podría parecer que existe un tratamiento estandarizado para todas las enfermas de fibromialgia, o que a todos los pacientes diabéticos se les ofrece el mismo fármaco, o que ante un resfriado, las medidas terapéuticas recomendadas son las mismas para todos. Obviamente, existen una serie de factores y variables comunes que nos permiten a los profesionales sanitarios hacer diagnósticos y prescribir tratamientos, pero esto no se traduce en unas reglas estancas que no se pueden modificar. De hecho, se pueden y se deben modificar.
Las personas somos, inevitablemente, seres multidimensionales: la biología, los factores sociales, culturales, económicos, los psicológicos, la espiritualidad, todos ellos, forman parte de nosotros. Y en la consulta médica es imprescindible obtener información de todas estas dimensiones para llevar a cabo un buen abordaje del problema que se presente. En cualquier caso.
Es por ello que la medicina narrativa juega un papel esencial en el desempeño de la labor médica. Como afirma Rita Charon, directora del Máster de Medicina Narrativa en la Universidad de Columbia (Nueva York), la medicina narrativa es la capacidad de saber qué hacer con las historias que el paciente cuenta. El médico debe trabajar las biografías, cada una de las historias de vida de cada una de las personas que atiende.

Imagen tomada del documental Consulta 32

La medicina narrativa no sustituye en ningún caso a la medicina basada en la evidencia o la medicina objetiva, como bien defiende José Lázaro, profesor de humanidades médicas en la UAM, sino que se trata de dos dimensiones de la medicina que se complementan. Sin la narrativa no se permite espacio a la subjetividad, a la expresión de las emociones, al conocimiento del complejo entramado de relaciones interpersonales o a la expresión de las expectativas personales de cada paciente.
Para llevar a cabo una medicina basada en la narración es necesaria una formación y entrenamiento específicos en herramientas de comunicación, entrevista clínica, empatía, habilidades textuales, creativas, afectivas y otras. Todas ellas, estrategias y métodos que favorecen una comunicación eficaz entre paciente y médico y un clima adecuado de respeto en el que la persona se sienta escuchada y no juzgada. No es suficiente con practicar una medicina científica basada en el mayor rigor científico, si no existe esa faceta humanizada que personaliza, individualiza y contextualiza cada acto médico. De nada sirve conocer los signos y síntomas, si no se conoce la biografía que los acompaña.
Es fundamental que la medicina se dirija hacia una labor que pretenda estar cada vez más cerca de las personas y deje de alejarse de ellas, interponiendo pantallas de ordenador, mesas, pruebas diagnósticas o por qué no decirlo, nuestras propias barreras como profesionales o como pacientes, invisibles pero no imperceptibles, de miedo, indiferencia,  inexperiencia o torpeza, que en muchas ocasiones son los mayores obstáculos para un encuentro personalizado eficaz.
En nuestro Grupo Funcional de Abordaje a pacientes con fibromialgia llevamos años formándonos en habilidades narrativas y poniendo en práctica esta dimensión de la medicina con excelentes resultados. Puedes consultar esta información en las siguientes entradas de nuestro blog: